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Cannabinoids 2014;9(1):9-16 [Versión española] (19 de Marzo de 2014)

Articulo original

Eso que llamamos Indica, con ningún otro nombre olería tan dulce

Jacob L. Erkelens, Arno Hazekamp

Bedrocan BV, Países Bajos

¿Qué hay en un nombre?
Una característica interesante de la subcultura mundial del cannabis es el número sin fin de nombres dados a sus preparaciones (marihuana, porro, hierba, kiff, bhang...). Además, hay un listado en constante creci-miento de denominaciones utilizadas para describir las diferentes variedades y cepas de la planta de cannabis. Se han desarrollado un gran número de ellas como resultado de siglos de crianza y selección. Son común-mente distinguidos por cultivadores, consumidores recreativos y pacientes de cannabis medicinal por igual, a través del uso de populares nombres como White Widow, Northern Lights, Amnesia y Haze. Ya hay catalogados más de 700 variedades diferentes [1] y se cree que existen muchas más, cada una con un po¬tencial efecto distinto sobre cuerpo y mente. Con el reciente crecimiento del uso medicinal de la mari-huana, se ha vuelto más importante que nunca la nece¬sidad de distinguir claramente entre las distintas varie¬dades y sus efectos (terapéuticos) esperados. Aunque el nombre de las variedades sigue siendo el método más común para distinguir entre los distintos productos del cannabis disponibles, en gran parte no está claro cómo estos nombres reflejan una diferencia real en composición. Tal vez la actual jerga cannábica sólo sirve para dar a la subcultura del cannabis cierto aire de sofisticación, de igual forma que un experto en vinos describiría su bebida. Y como el cannabis es un cultivo comercial inmensamente lucrativo, el creci-miento de nombres también puede estar impulsado por los intentos de cada productor para destacar su propio producto de los de la competencia. Lo que es seguro es que la naturaleza no científica del cultivo y la denomi-nación de las variedades de cannabis se suma al caos verbal que rodea su consumo. Aunque esto podría ser considerado sólo como una curiosidad antropológica, existe una cuestión más fundamental porque en los últimos siglos ha habido una continua controversia científica sobre la clasificación taxonómica del canna-bis. Hoy en día, la firme creencia entre cultivadores y con-sumidores de cannabis es que existen, al menos, dos tipos principales diferentes de cannabis: sativa e indica. Sin embargo, a lo largo de los siglos las opiniones han estado yendo en un sentido y en otro sobre si el canna¬bis debe ser clasificado con mayor precisión como una sola especie o como múltiples. Las raíces de este con¬flicto se encuentran sobre todo en el siglo XIX, con orígenes que se remontan en el tiempo a la Baja Edad Media. Este ensayo se centrará en el uso de la palabra indica y su desarrollo a lo largo del tiempo, porque el problema de la clasificación botánica se muestra mejor a través de la particular historia de esta palabra. El propósito de este estudio no es determinar qué argu¬mento es el más fuerte, sino arrojar luz sobre la evolu¬ción histórica de esta cuestión y explicar cómo esta lucha taxonómica bastante oscura logró extenderse mucho más allá del campo de la ciencia, la medicina, el derecho y, finalmente, la subcultura mundial del can¬nabis.

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